Candidato Espiritual: Claudio Arce Rivera y el desafío de levantar una nación con valores
En la Plaza de Armas de Lima, bajo el peso de su historia y mirando a la catedral como quien mira un pasado que todavía enseña, apareció Claudio Arce Rivera. No fue una simple presentación: fue una conversación sobre algo que, según su visión, el Perú necesita con urgencia para enfrentar el crimen, el desencanto social y la confusión moral.
Su mensaje fue claro y directo: la política no tiene por qué ser “algo demoníaco”. Puede ser servicio. Y el servicio empieza mucho antes que el cargo público: empieza en el corazón, en los valores, en la forma de tratar al prójimo. En un país donde se normaliza la muerte, el asalto y el secuestro, su idea central es un llamado a “pararse en el vallado”, como un deber espiritual y ciudadano.
De Cajatambo a Lima: crecer entre cambios y valores
Claudio Arce nació en el departamento de Lima, en la provincia de Cajatambo, distrito de Gorgor. Contó que sus primeros años los vivió allá, hasta los cinco años, y luego se trasladó a Lima por la vivencia de sus padres.
Cuando habla del cambio que encontró, lo hace con una imagen contundente: Lima ya no es la misma. Para él, la ciudad pasó de ser pequeña a convertirse en una masa enorme, “un monstruo”, y adaptarse no fue inmediato.
En lo personal, explicó que surgir en Lima fue difícil: tocó luchar cada día, estudiar, formarse con valores y sostenerse con principios.
¿Por qué escoger valores?
Su respuesta apunta a un contraste: los valores humanos flaquean, pero los valores divinos permanecen. Para él, no se trata de una idea teórica, sino de una forma de vivir.
En su planteamiento, los valores comienzan cuando la persona decide vivir de acuerdo con la palabra de Dios. Y esa base, según su experiencia, termina influyendo incluso en cómo se construye una familia y cómo se afronta el “pan de cada día”.
Un país donde se perdió el respeto: valores, ética y sociedad
Arce señaló que en el Perú y en el mundo se percibe menos respeto y más enfriamiento espiritual. También sostuvo que hoy la vida cotidiana, con su “día a día”, pesa más que antes.
Pero lo más importante para su argumento es este diagnóstico: si no hay valores en el ser humano, los estudios no alcanzan. Puede haber títulos y carreras, pero si falta ética, moral y formación interior, la sociedad termina viendo robos, mentiras y conductas que dañan a todos.
Incluso mencionó una preocupación educativa: ya no se enseña filosofía como antes, y por lo tanto se pierde el hábito de pensar.
Negocios y trabajo: “todo es política” si es servicio
Cuando le preguntaron cómo entiende el mundo de los negocios, Arce respondió algo provocador: todo es política.
No lo dijo con la misma carga negativa con la que muchas personas usan esa palabra. Para él, la política es servicio al prójimo, servicio a la comunidad y a la sociedad. El problema es el concepto que se instala: si se cree que “política” equivale a engaño o maldad, entonces se abre la puerta para que gobiernen los peores intereses.
Su llamado es a recuperar una idea más antigua y más ética de lo público: no se trata solo de competir por el poder, sino de servir.
Elecciones 2026: el cambio empieza en el corazón (y se nota en las calles)
El tema electoral aparece con fuerza, especialmente porque Arce habló de años de equivocaciones, de jóvenes que ven cómo la situación empeora y de un país donde “todos están presos”, en el sentido de atrapados en un sistema que se repite.
Lo que propone para los jóvenes
Para él, los jóvenes son potencial: “el futuro del mañana”. Y por eso su consejo se dirige con firmeza a quienes deben decidir.
Una frase resume su lógica: si se quiere perseguir la delincuencia, no basta con mirar la calle. La delincuencia también está en el órgano de gobierno. Es decir, muchas veces los crímenes que vemos en la vida diaria son consecuencia de decisiones fallidas desde arriba.
Y aquí aparece su condición para el cambio: si hay cambio en el corazón, hay cambio en la nación. Dios, dice, regula la vida; la paz no se “organiza” desde afuera, fluye desde adentro.
Generación Z y el problema de juzgar: instruir antes que condenar
Al hablar del panorama social, mencionó la preocupación que existe por actitudes vandálicas y extremos en la generación Z. Sin embargo, se detuvo en algo crucial: no se debe juzgar sin comprender el origen.
Su argumento fue personal y operativo: ha trabajado y caminado cerca de jóvenes que cometieron errores, incluso mencionó que visita penales como Maranguita. Desde ahí dice que entiende que muchas conductas vienen de la familia, de los colegios y de las universidades que enseñan mal o no corrigen.
Por eso sostuvo que no se puede juzgar a alguien si primero no se le instruyó. Según su visión, el ser humano actúa conforme a lo que tiene en el corazón. Si se cambia ese centro, también cambia su decisión.
Del caído a la mano que levanta
Una idea repetida con fuerza fue esta: no se debe afirmar “ya está podrido” o “ya se terminó”. La humanidad necesita oportunidades de cambio. Para él, el camino es levantar, corregir e instruir, no criticar desde la distancia.
Protestar con paz: silencio y transformación interna
Arce defendió una forma de protesta que no depende de la violencia. Puso ejemplos de pensadores como Dalái Lama, Gandhi, Mahatma Gandhi y Martín Luther King, destacando que la protesta efectiva puede ser pacífica.
Su idea se conecta con una afirmación contundente: el silencio puede ser el arma más mortal en una nación (en el sentido de que desgasta la violencia, desenmascara y obliga a mirar).
El punto de fondo es moral: si alguien agrede a otra persona, se rompe el propósito de cambiar. En su lectura, la transformación real ocurre primero como paz interna.
Incluso compartió una experiencia fuerte: en Ayacucho, vio una escena donde una bala terminó matando a un niño en un contexto que luego intentaron presentar como revolución, pero que él entendió como otra cosa. Su testimonio busca que el dolor no sea normalizado y que la violencia no se justifique.
Amor como respuesta: “amor con amor se paga” (sin traición)
En el plano humano, Arce dio un enfoque práctico: cómo se trata a los semejantes determina el resultado.
Contó que incluso en Lima, donde en ocasiones quiso ser asaltado, quienes lo reconocían por haber estudiado con él terminaban cambiando su conducta: lo abrazaban, lo trataban bien. Para él, eso prueba que la maldad absoluta no es la única naturaleza posible. La parte negativa existe, pero puede transformarse hacia el bien, el amor, la paz y la comprensión.
Su frase resume la ética que propone: “Amor con amor se paga, siempre y cuando no haya traición”. En esa línea, el valor no es solo sentimental: es una disciplina moral para sostenerse frente al mal.
Navidad, Isaías y el “vallado”: responsabilidad espiritual y ciudadana
Como cierre, su mensaje se volvió más espiritual. Recuperó una idea de Isaías: “¿a quién iré y quién irá por vosotros?”, conectándola con la responsabilidad humana.
Según él, no basta con esperar que “alguien” arregle el país. La pregunta clave es: si no hay hombres que se paren frente al mal, entonces ¿quién lo hará?
Su llamado tiene un lenguaje de desafío:
- No juzgar la política como si fuera diabólica por definición.
- Si ves que tu nación está mal, “ponte en el vallado”.
- La paz y el cambio no son solo exteriores. Empiezan desde el corazón.
- Pregúntate si amas a tu prójimo, a tu familia y a tu descendencia.
También compartió una esperanza centrada en el poder de Dios para transformar. Citó el ejemplo del Salvador como un paso desde un país violento hacia una nación de paz, reforzando que el cambio profundo no depende únicamente de reformas externas.
Una esperanza para el 2026: elegir bien es elegir un futuro diferente
La conversación termina en un punto de acción: cree que se acerca un momento de elección y que se debe mirar más allá de las apariencias o de la promesa religiosa mal usada.
En su enfoque, cuando hay verdadera guía espiritual, la paz no se “vende”, se construye. Cuando los valores se sostienen, la nación puede limpiarse, ordenarse y reducir el crimen organizado que hoy parece dominar.
Para Arce Rivera, la bendición y la paz no son para una sola comunidad, sino para el mundo. Y la nueva juventud, con nuevos hombres y mujeres, puede levantar el país con proyectos y una misión renovada.
Mensaje final
Si algo queda resonando tras esta charla es una invitación a dejar de deshumanizar la política y volver a humanizarla. No desde la ingenuidad, sino desde la ética, la moral y la responsabilidad espiritual: pararse en el vallado y empezar el cambio donde realmente empieza, en la forma de amar, decidir y servir.
JCR
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